Alimentación · 4 min de lectura ·
La grasa del hígado viene más del azúcar y el alcohol que del aceite del plato. Y responde bien a los hábitos adecuados.
Si tienes 30 segundos
- 1La grasa del hígado viene sobre todo del azúcar, las bebidas dulces y el alcohol.
- 2Aceite de oliva virgen extra, pescado y nueces se quedan: ayudan al hígado.
- 3Moverte puede aligerarlo aunque la báscula apenas cambie.
Hígado graso. Te lo ha dicho una ecografía hecha por otro motivo, y ahora te preguntas qué comer. El médico, tranquilo: «De momento no es grave, pero hay que cambiar algo en la mesa». Y lo primero que piensas: quitar grasas.
«Pero si apenas uso aceite», me dice a menudo quien llega con esa ecografía. Luego hay zumo de naranja en el desayuno, otro a media mañana y la copa de vino por la noche. El hígado se llena por otro lado.
Hígado graso: ¿qué no comer?
Lo primero, el azúcar que se bebe: refrescos, zumos, tés fríos. Después, la bollería industrial y el alcohol, que pesan al hígado más que las grasas buenas.
- El azúcar líquido. La fructosa no sacia: un zumo tras otro, y sigues con hambre.
- La bollería industrial. Magdalenas, cruasanes rellenos, yogures de frutas: en la etiqueta suele salir «jarabe de glucosa y fructosa».
- La copa de la noche. El alcohol también llena el hígado de grasa. Lo cuento en el artículo sobre el vino.
- Margarina, picoteo y fritos. Galletas saladas, patatas de bolsa, fritos de comida rápida: las grasas trans pueden favorecer el hígado graso.
Por qué se llena el hígado
El hígado tiene un depósito pequeño. La fructosa la procesa casi solo él, y guarda una parte como reserva de azúcar. Con la reserva llena, lo que sobra se convierte en grasa y se queda ahí.
La barriga descarga en el hígado. La grasa profunda del abdomen vierte sus grasas en una vena que va directa al hígado. Por eso barriga e hígado graso suelen ir juntos, y la insulina tiende a funcionar peor.
Pesa más de lo que crees. La grasa del hígado tiende a desajustar el azúcar en sangre, a veces más que la de la barriga. Y hígado y riñones van de la mano: si el hígado se aligera, los riñones suelen ir mejor.
El hígado se aligera, antes que nada, con lo que dejas de beber.
Qué comer, del desayuno a la cena
Desayuno salado. Huevos, yogur griego, frutos secos y, si te apetece, una pieza de fruta. Al despertar, el depósito del hígado está vacío: es el mejor momento para la fruta. El zumo, mejor no: es su azúcar sin la fibra.
En la comida y la cena, el aceite se queda. Verdura y proteína antes que los hidratos. Pescado y pollo más que carne roja, aceite de oliva virgen extra y un puñado de nueces. Al comparar dos dietas durante año y medio, la mediterránea con aceite, nueces y pocos hidratos refinados quitó más grasa del hígado que una baja en grasas.
La fruta, con medida. Una o dos piezas en el desayuno, una antes de comer y otra a media tarde, con unas nueces. Mejor no de postre. Higos secos, dátiles y uvas son los más cargados: cien gramos de higos secos ya son la fruta de todo el día.
Moverte cuenta tanto como el plato. Diez o quince minutos andando después de comer y dos sesiones de fuerza a la semana. Los músculos en marcha se quedan con el azúcar recién llegado, y las pesas ayudan a reducir la grasa profunda del abdomen.
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Ponte a prueba
Acabas de saber que tienes hígado graso. ¿Por dónde empiezas?
Empieza esta semana por refrescos y zumos, la palanca más sencilla. Mantén los cambios un mes y cuéntaselos al médico en la próxima revisión.


