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Giuseppe NotarnicolaHealth Performance Specialist
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Mente · 4 min de lectura ·

La ilusión te pone en marcha. Lo que te lleva lejos son hábitos pequeños y una versión corta ya preparada.

Si tienes 30 segundos

  1. 1La constancia sale de hábitos pequeños y de un plan para las semanas a tope.
  2. 2¿Fallas un día? Pasa. Al siguiente estás, aunque sea en versión corta.
  3. 3Hacia la tercera semana suele llegar un bache: es el paso hacia el hábito.

¿Cómo ser constante si la ilusión te dura tres semanas? En septiembre vuelves con gimnasio, cenas ligeras y a la cama pronto. Luego llega la semana del consejo de administración, con dos vuelos de por medio, y en octubre, vuelta a empezar.

«Es que no soy constante» es algo que oigo a menudo. Casi nunca es cuestión de voluntad. El plan estaba pensado para semanas tranquilas, y quien lleva una empresa tiene pocas.

Cómo reconocer un plan que hay que reforzar

  • Empiezas con todo a la vez. Cinco entrenamientos, dieta perfecta y madrugones.
  • Solo tienes un objetivo de resultado. Diez kilos menos para el verano, y la báscula te juzga.
  • Solo existe la versión completa. Y en la semana a tope, al final, nada.
  • Cambias de método cada mes. La última dieta leída siempre parece la buena.

Qué pasa en la tercera semana

Dos motores distintos. El empuje del principio sale de las ganas de cambiar; el que dura, de los resultados y del hábito. En medio hay un tramo sin red, a menudo entre la tercera y la sexta semana: cuesta y parece que lo haces todo mal. Suele ser el esquema de siempre que se desmonta.

La voluntad depende de la semana. De vacaciones, el plan cuesta poco; en la semana del cierre de cuentas, mucho más. Hay que pensarlo para las difíciles.

Bajo presión, vuelves a ser quien crees que eres. Si por dentro sigue el «yo no soy constante», en la primera semana dura el cerebro recupera solo los gestos de antes. Los hábitos duran cuando cambia la idea que tienes de ti.

Cada vez que cumples, aunque sea diez minutos, votas por la persona que quieres ser.

¿Cómo ser constante en el gimnasio y con la dieta?

Con pocos hábitos pequeños, siempre en el mismo momento, y una versión corta decidida de antemano. Cuenta más estar a menudo que hacer mucho.

Empieza por menos de lo que puedes. Dos sesiones a la semana: quien vuelve con seis suele dejarlo pronto. Una cosa nueva cada vez, la segunda cuando la primera te sale sola. Y si puedes, ponlas pronto: la tarde suele encontrar una excusa.

Objetivos que dependen de ti. Junto al número de la báscula, apunta gestos: «desayuno salado cada mañana». El gesto lo cumples hasta en la peor semana; el resultado llega a su ritmo.

La versión corta, decidida en frío. Para cada hábito, apunta qué haces cuando el día se complica: diez minutos en vez de la sesión entera, en el restaurante un segundo con verdura. Mejor poco que nada, y cuenta.

Nunca dos veces seguidas. Es una regla práctica. Saltarte una sesión o una cena fuera de plan, pasa; dos seguidas pueden ser el hábito de siempre que vuelve. A la siguiente estás, sin castigarte con sesiones dobles.

Planifica la semana imposible. Viajes, cierres de trimestre, fiestas: ya los conoces. El domingo mira la agenda y marca los días reducidos. Una semana ligera mantiene el hilo; un parón de tres semanas te hace retroceder.

Elige de quién te rodeas, y lleva la cuenta. Pregúntate quién te pone palos en las ruedas y busca un aliado, un amigo o un grupo que tire de ti. Apunta cada vez que cumples y compárate contigo hace un mes, nunca con los demás.

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Ponte a prueba

El martes te saltas el entreno por una cena de trabajo; el miércoles vuelas temprano y duermes en un hotel. ¿Qué haces?

Esta noche elige un hábito y escribe su versión corta. Cuando la semana se tuerza, te mantendrá en el plan.

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Este artículo es divulgativo: no sustituye el consejo de tu médico.

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