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Giuseppe NotarnicolaHealth Performance Specialist
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Mente · 4 min de lectura ·

En el trabajo abres diez cosas y cierras pocas. La atención se prepara con el cuerpo y se protege con una hora al día.

Si tienes 30 segundos

  1. 1La atención es cosa del cuerpo: la preparan sueño, luz, agua, movimiento y plato.
  2. 2Cada interrupción te cuesta minutos, y muchas salen de ti.
  3. 3Una hora cada mañana, con una sola tarea y el móvil en un cajón.

«No puedo concentrarme en el trabajo»: lo oigo a menudo, y la escena casi siempre es esta. Las diez y media, un contrato por revisar. Lees tres veces la misma línea, contestas un mensaje, abres el correo. A mediodía, diez cosas abiertas y ninguna cerrada.

Sueles culpar a la edad. Yo miro cómo has dormido, cuánta agua has bebido, qué había en el plato y dónde está el móvil. Quien me pide un truco para concentrarse casi siempre flojea en alguna.

La atención que se escapa: las señales

  • Relees. Tres veces la misma línea, sin enterarte.
  • Te interrumpes tú. Nadie te ha buscado: abres el correo a mitad de frase.
  • Algunos días es con todo. «No puedo concentrarme en nada», ni en una película. Suele venir de dormir poco.

¿Por qué no puedo concentrarme en el trabajo?

Suele ser por dos motivos juntos: llegas con el cuerpo en reserva y el día te interrumpe antes de que la atención entre en calor.

Cada interrupción tiene un precio. Una llamada dura un minuto, pero volver a donde estabas te lleva varios. Si pasa varias veces por hora, al trabajo profundo casi no llegas.

Muchas te las haces tú. Aguantar en una tarea difícil cansa, y distraerse alivia: el correo le da al cerebro una pequeña recompensa inmediata. Por eso lo abres en el párrafo más duro.

La noche corta se paga a las diez. Mientras duermes, el cerebro poda las conexiones del día y guarda las que importan. Después de una noche corta la atención baja.

Poca agua, y la digestión. Si pierdes alrededor del uno por ciento del agua del cuerpo y no la repones en el día, la cabeza rinde menos. Y después de comer la digestión pide bajar el ritmo: es buena hora para reuniones, llamadas y correo.

Una hora entera con la misma tarea rinde más que una mañana a trozos.

Cómo mejorar la concentración, empezando por el cuerpo

Una hora al día, entre las nueve y las doce. A esas horas la cabeza suele ir a más, con el máximo hacia las doce. Agéndala como una reunión, con una sola tarea. El bloque completo dura de sesenta a noventa minutos; si te parece mucho, empieza con veinticinco o treinta y alarga. Después, unos minutos de pie, lejos del móvil.

El móvil, en un cajón. O en el bolso, en silencio. Boca abajo en la mesa es un comienzo, pero sigue a mano: con un cajón de por medio te lo piensas dos veces antes de cogerlo. Correo cerrado. Junto al teclado, una hoja: apuntas la idea que aparece y vuelves a la tarea.

Antes del bloque, muévete. Después de entrenar, la atención y los tiempos de reacción siguen más afinados al menos dos horas. Si entrenas por la mañana, pon después el trabajo que importa.

Luz, agua y café. Diez minutos de luz en la calle en la hora siguiente a levantarte: la luz del día ayuda a mantenerte alerta. Un vaso de agua antes de empezar. El café da lo mejor a los cuarenta minutos y ayuda a sostener la atención: tómalo antes del bloque. El último, justo después de comer.

En la comida, verdura y proteína antes que los hidratos. El azúcar sube más despacio, y a media tarde la cabeza suele aguantar mejor.

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A mitad de una propuesta difícil te acuerdas de un correo pendiente. ¿Qué haces?

Empieza mañana con un solo bloque. Mantenlo dos semanas y mira cuánto trabajo cierras antes de comer.

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Este artículo es divulgativo: no sustituye el consejo de tu médico.

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