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Giuseppe NotarnicolaHealth Performance Specialist
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Mente · 4 min de lectura ·

Aplazar te protege de una emoción incómoda. Se desbloquea con un gesto pequeño, a la hora adecuada.

Si tienes 30 segundos

  1. 1Aplazar es un hábito, como cerca del 40-45% de tus elecciones diarias: te premia con alivio.
  2. 2Reduce la tarea difícil a su primer gesto, de dos minutos, y hazlo ya.
  3. 3Ponla entre las 9 y las 12, antes del correo: es cuando la cabeza rinde más.

¿Cómo dejar de procrastinar? Reduce lo que aplazas a su primer gesto concreto, tan pequeño que dure dos minutos, y hazlo por la mañana, antes de abrir el correo. La procrastinación rara vez es pereza. Suele ser la forma en que el cerebro se quita de encima una emoción incómoda, y pesa más cuando vas justo de energía.

La llamada al cliente que no paga lleva tres días esperando. Abres el plan para el consejo, miras la primera página y lo cierras. Lo veo a menudo en quienes acompaño: cuanto más importa algo, más tiempo se queda al final de la lista.

Las señales de que lo estás aplazando

  • Rehaces la lista. Reordenar da sensación de control, y la primera sigue ahí.
  • Preparas sin fin. Un dato más antes de empezar.
  • Lo pasas a la noche. «Con calma, cuando se vacíe la oficina.»
  • Le das más vueltas de las que le dedicas. La piensas sin tocarla.

¿Por qué siempre dejo para luego lo importante?

Porque aplazar te da un premio al momento: el alivio. Te libras del miedo a equivocarte o del esfuerzo de arrancar, y el cerebro toma nota: funciona.

Es un hábito con su recompensa. Procrastinar es dejar para más tarde lo que sabes que toca hoy. El cerebro no distingue un hábito bueno de uno malo y repite el que alivia. Y entre el 40 y el 45 por ciento de lo que eliges en un día son hábitos.

Darle vueltas la agranda. Quedarse entre el «debería» y el «todavía no», sopesando pros y contras, tiene nombre, contemplación crónica, y es fácil quedarse ahí mucho tiempo. La tarea, mientras, suele crecer en tu cabeza.

Por la noche cuesta más frenar. La corteza prefrontal, la parte del cerebro detrás de la frente que te permite resistir un impulso, trabaja menos con el cansancio, con estrés y a última hora. Dejarlo para la noche suele ser dejarlo para mañana.

Lo difícil, por la mañana, antes de que el día decida por ti.

¿Cómo dejar de aplazar las cosas, desde mañana?

Bajando la barrera de entrada y eligiendo la hora. El cerebro casi siempre tira por lo fácil: haz fácil lo difícil y complicada la huida, con el móvil en otra habitación y en la pantalla solo el archivo que necesitas.

El primer gesto, de dos minutos. Escribe lo que aplazas y al lado la primera acción física: marcar el número, escribir el asunto del correo. Cuando notes la resistencia, haz ese gesto sin negociarlo. Una vez en marcha, lo normal es seguir.

Lo difícil, entre las 9 y las 12. En esa franja las funciones mentales suben, con el máximo hacia mediodía; después de comer, la digestión pide bajar el ritmo. Y hazlo antes del correo: si esperas, el día encuentra la manera de impedírtelo.

Decide antes qué harás. En frío, escribe: «Cuando me entren ganas de abrir el correo, escribo la primera línea». En el momento ya no tienes que negociar contigo.

El cuerpo en forma. Aplazar también puede ser señal de estrés, y con una noche corta se suele aplazar más: siete u ocho horas de sueño van antes que cualquier técnica. Entrenar la resistencia, además, sube el umbral de la fatiga, también mental.

Cierra con un premio. Hecho el primer trozo, apúntalo y date diez minutos al aire libre. El dulce, fuera. Así el cerebro asocia el alivio a hacer.

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Ponte a prueba

Son las seis, la llamada difícil sigue pendiente y vas justo de energía. ¿Qué haces?

Esta noche elige una sola cosa y escribe su primer gesto. Mañana te bastan dos minutos para ponerla en marcha.

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Este artículo es divulgativo: no sustituye el consejo de tu médico.

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