Estrés · 4 min de lectura ·
¿Cuello y hombros cargados al acabar el día? Tres gestos de oficina para soltarlos y los músculos que fortalecer para mantener los hombros bajos.
Si tienes 30 segundos
- 1Bajo presión respiras alto: cuello y hombros hacen el trabajo del diafragma.
- 2Dientes apretados y cabeza hacia la pantalla cargan los mismos músculos.
- 3Tres gestos de oficina aflojan. Escápulas bajas y fuertes ayudan a mantener la tensión a raya.
Son las ocho de la tarde, te pones la chaqueta y te das cuenta: llevas los hombros en las orejas. El dolor cervical por estrés suele llegar así, sin ningún golpe, tras un día aguantando el tipo.
Lo veo a menudo en los empresarios y directivos que acompaño. Culpan a la almohada o al aire acondicionado. Muchas veces el problema está más abajo, en cómo respiras bajo presión.
Síntomas del dolor cervical por estrés
- Cuello y hombros rígidos al acabar el día. Por la mañana giras bien la cabeza; por la tarde, menos.
- Hombros que suben solos. Te los encuentras arriba al teléfono.
- Va y viene. Afloja en vacaciones, vuelve con las entregas.
¿El estrés puede provocar dolor cervical?
Puede, sí. Con los nervios de punta es casi imposible mantener sueltos los músculos entre nuca y escápulas: pasan horas contraídos, y por la tarde lo notas.
Respiras con el cuello. Son más de veinte mil respiraciones al día, y ese trabajo le toca al diafragma. Ansiedad y estrés pueden bloquearlo. Entonces la respiración sube: al coger aire se levantan costillas, clavículas y hombros, tirados por músculos del cuello que solo deberían echar una mano.
Los hombros se quedan arriba. De la nuca a la escápula bajan dos músculos que tiran de ella hacia la oreja. Con la tensión tienden a no descansar. Los que la bajan suelen trabajar poco.
Aprietas los dientes. La mandíbula es uno de los sitios donde la tensión tiende a quedarse, y desde su articulación puede pasar a la columna.
La cabeza se va hacia la pantalla. La barbilla se adelanta, la oreja queda por delante del hombro y la espalda se encorva. Los músculos de la nuca cargan con ese peso todo el día.
Antes de masajearte el cuello, fíjate en cómo respiras.
Remedios: tres gestos en la oficina, y qué fortalecer
Caben en los dos minutos de pausa de cada hora. Hazlos despacio, y para si algo duele o notas hormigueo en el brazo.
Respira bajo, con los hombros abajo. En la silla, una mano en el pecho y otra en la barriga. Coge aire por la nariz: se mueve la de abajo, la de arriba se queda quieta. Al soltarlo, deja caer los hombros. Vale en reposo: de pie, el tórax se abre a los lados, con los hombros bajos.
La mandíbula: prueba así. Índices en el hueco de delante de la oreja, pulgares bajo la barbilla. Abre y cierra la boca seis veces, despacio, contra la ligera resistencia de los pulgares.
Estira el lateral del cuello. Lleva la oreja hacia el hombro y apoya en la cabeza la mano de ese lado, sin tirar. Hombros bajos, pecho abierto. Prueba de treinta a sesenta segundos y cambia de lado.
En el gimnasio, fortalece lo que baja las escápulas. Para que los hombros aguanten abajo, necesitas fuertes los músculos que las llevan abajo y hacia la columna. Los entrenas tirando de un peso hacia ti, y con un gesto: bajar y juntar las escápulas sin mover nada más. Mételo en tus dos sesiones de fuerza semanales.
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Ponte a prueba
Son las siete, tienes el cuello como una tabla y te queda una hora. ¿Qué haces?
Empieza por la respiración: es el gesto que más repites al día. Y cuida el sueño, porque noches cortas y músculos tensos suelen ir juntos.


