Energía · 4 min de lectura ·
Madrugar a las cinco le sirve a pocos. A todos nos sirve una primera hora bien hecha, empiece cuando empiece.
Si tienes 30 segundos
- 1El aturdimiento de la primera media hora es química, y se pasa solo.
- 2El orden importa: agua, luz y movimiento; después, desayuno salado y café.
- 3Temprano significa a la misma hora cada día, adelantando media hora cada vez.
El despertador suena a las siete. Lo pospones dos veces y coges el móvil: tres correos, un mensaje del gestor, los titulares. Cuando pones los pies en el suelo ya estás reunido con medio mundo.
Luego, café de pie, dos galletas y al coche. A las once vas en reserva. Muchos deciden madrugar a las cinco, como los empresarios de las biografías. Casi nunca hace falta. Lo que cuenta es la primera hora. Es de lo primero que miro con quienes acompaño.
Una mañana que empieza mal
Se nota más en cómo estás a media mañana que en cómo te levantas.
- Pospones la alarma. Dos, tres veces, y sales ya con prisas.
- El móvil antes de levantarte. El día te lo empiezan otros.
- Café en vez de desayuno. O café y algo dulce, de pie.
- El bajón de media mañana. Hambre, mal humor y otro café.
Qué pasa en esa primera hora
El aturdimiento es química. Mientras estás despierto, el cerebro acumula una molécula que hace crecer el cansancio. Si la alarma te pilla en sueño profundo, esa molécula seguramente sigue activa: por eso algunas mañanas vas lento aunque hayas dormido mucho. Mientras, sube el cortisol, la hormona que te pone en marcha, y toca techo una media hora después de despertarte. La niebla se va sola.
La luz de casa se queda corta. El reloj interno se ajusta sobre todo con la luz que entra por los ojos. Fuera, incluso nublado, hay al menos veinte veces más que en tu cocina. Entre casa, coche y oficina, la señal le llega floja.
El móvil te pone en alerta. La mañana es un momento delicado para el sistema nervioso. Si empiezas por correos y noticias, arrancas a la defensiva y ese tono te dura horas. Déjalos para después del desayuno: los lees despierto.
El día se decide antes de la primera reunión.
La primera hora, por orden
Nada de heroicidades ni de horas robadas al sueño. Pocas cosas, por orden.
Un vaso grande de agua. Nada más levantarte. Llevas toda la noche sin beber, y parte del cansancio matutino es sed. Con los años la sed se nota menos: bebe aunque no la tengas.
Diez minutos de luz, en movimiento. En la primera hora sal, sin gafas de sol: al balcón o a la calle. De paso muévete suave: cuello, hombros, tronco, cadera, o camina. Luz y movimiento son dos de las señales más fuertes para tu reloj. Si te levantas de noche, sal en cuanto amanezca.
Desayuno salado, sentado. Tras la noche el estómago está vacío y el azúcar pasa a la sangre rapidísimo: es el peor momento para galletas y bollería. Un desayuno que dispara la glucosa la descoloca también en la comida y la cena. Huevos, yogur griego, frutos secos. Déjalo preparado la noche antes.
El primer café, en el desayuno. Después del agua y la luz. Por la mañana se lleva bien con el cortisol, que ya está alto, y rinde al máximo en unos cuarenta minutos. Pero tapa el aviso del cansancio, sin crear energía. Tomado nada más abrir los ojos te deja bien, y luz y desayuno te los saltas.
De media hora en media hora. Para levantarte antes, adelanta la alarma media hora, mantenla unos días y luego otra media hora. Ponla lejos de la cama, a la misma hora los siete días. Las cinco no son para todos: unas seis de cada diez personas están entre alondra y búho, y el búho obligado a horarios de alondra lo paga con estrés, hambre y cansancio.
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Ponte a prueba
Mañana tienes una reunión importante a las nueve. ¿Qué haces cuando suena el despertador?
Empieza por una sola cosa, la que menos te cueste. La primera hora es la única del día que todavía nadie te ha llenado: quédatela.
