Alimentación · 4 min de lectura ·
Te saltas comidas, recortas raciones y la báscula no se mueve. Tu cuerpo se está defendiendo, y puedes hacer que pare.
Si tienes 30 segundos
- 1Si comes poco durante mucho tiempo, el cuerpo gasta menos y el peso se estanca.
- 2Saltarte comidas sin orden sube el cortisol y deja toda el hambre para la noche.
- 3Se empieza por tres comidas completas con horario fijo. Recortar más lo empeora.
Café a las ocho y reuniones hasta las cuatro. La comida de las dos se queda en unas tortitas de arroz ante la pantalla. Por la noche, un plato de verdura, que estás a dieta. El lunes, la báscula marca lo mismo que hace un mes.
La conclusión es casi siempre la misma: tengo que comer todavía menos. Lo veo a menudo en las personas que acompaño. Pero el cuerpo echa otras cuentas, y cuanto más recortas, más se defiende.
Las señales antes que la báscula
- Tienes frío y poca energía. El cuerpo ha bajado revoluciones, como una casa con la calefacción apagada.
- Te mueves menos sin decidirlo. Coges el ascensor, llamas sentado, en el gimnasio alargas los descansos.
- El hambre llega de golpe. De día nada, y a las diez vaciarías la nevera.
Por qué se estanca el peso
¿Qué harías si te bajaran el sueldo? Gastar menos. El cuerpo hace lo mismo: si los ingresos caen de golpe y siguen bajos, entiende que hay escasez y recorta gastos.
Gasta menos en todo. Bajan las hormonas tiroideas, que marcan cuánto quemas en reposo. Te mueves menos durante el día. Y gastas menos en la digestión. La cantidad que al principio te hacía adelgazar ahora solo te mantiene.
La comida que te saltas sube el cortisol. Para mantener estable el azúcar en sangre sin comer, el cuerpo fabrica más hormona del estrés, que con el tiempo lleva la grasa a la barriga. Un ayuno planificado es otra cosa. Hablo de la comida que te saltas por falta de tiempo.
Comes más de lo que recuerdas. Baja la hormona de la saciedad, sube la del hambre, y por la noche recuperas sin darte cuenta: el chorro de aceite, el trozo de tarta. En personas con más de veinte dietas a sus espaldas, el cuerpo gastaba como mucho un 15% menos de lo previsto. Y decían comer la mitad de lo que comían.
Para tu cuerpo, una dieta drástica y una hambruna son lo mismo.
Por dónde se empieza
Por el mensaje contrario: hay comida, llega a su hora, puedes volver a gastar.
Tres comidas completas, a la misma hora. Desayuno, comida y cena con horarios parecidos, siempre con proteína; en la comida y la cena, verdura e hidratos en ración normal. El cuerpo ajusta sus hormonas a tus horarios, y la regularidad mejora la glucosa y la insulina.
Sube poco a poco. Añade una cosa cada vez: esta semana el desayuno, la que viene la comida. Volver de golpe a comer como antes hace recuperar peso rápido.
Mantén los pasos. Mira en el móvil cuántos das en una semana normal y no bajes de ahí. Si por la noche faltan, sal a andar después de cenar.
Apunta lo que comes. Tres o cuatro días, todo lo que comes y bebes, con la hora. Verás los huecos del día y el picoteo de la noche.
Pésate una vez por semana. El mismo día, antes de desayunar. En un día el peso puede variar dos o tres kilos, entre agua y comida: si lo miras a diario, acabas recortando cuando no toca.
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Ponte a prueba
Tres meses comiendo poco y el peso lleva cuatro semanas parado. ¿Y ahora qué?
Comer con regularidad cuando querrías recortar parece un contrasentido, lo sé. Empieza por el desayuno de mañana, y dale al cuerpo unas semanas de orden antes de juzgar la báscula.
