Estrés · 4 min de lectura ·
La cabeza repite «es solo una mala racha». El cuerpo lleva tiempo mandando señales, y suele mandarlas por orden.
Si tienes 30 segundos
- 1Las señales suelen llegar por orden: energía nerviosa, molestias sueltas y, al final, motor al ralentí.
- 2Si el café y la voluntad se quedan cortos, quizá el cuerpo se está protegiendo.
- 3Empieza por tus noches, la luz de la mañana, comer a tus horas y entrenar más suave.
Los síntomas físicos del burnout suelen aparecer mucho antes del día en que dices «no puedo más». Llevas meses cerrando cada trimestre a la carrera. Luego cae el tercer resfriado del invierno, y el lunes subes a la oficina con las piernas de plomo.
Lo veo a menudo en los empresarios y directivos que acompaño: las señales llevaban meses ahí, pero una a una no parecían nada. Los test y el diagnóstico son cosa del médico y del psicólogo.
¿Cuáles son los síntomas físicos del burnout?
Son tres grupos: energía nerviosa que no se apaga, molestias sueltas y un cansancio desproporcionado. Suelen llegar en ese orden, y el primero casi todos lo confunden con una buena racha.
- Primero: siempre a mil. Mucha energía, casi euforia. Duermes poco y encadenas retos.
- Después: molestias sueltas. Dolor de cabeza los días tensos, tripa hinchada, sueño ligero, pulso alto al despertar.
- Al final: el motor al ralentí. Bajón después de comer, antojo de dulce y salado, un resfriado tras otro, dolores viejos que vuelven, mareo al levantarte.
¿Burnout o cansancio normal?
El cansancio normal suele tener causa y final: una semana dura, y te recuperas. Aquí trabajas más y rindes menos. Un contratiempo mínimo te parece una injusticia. Te hundes después de comer y remontas por la noche, cuando tocaría frenar. Son pistas, no un diagnóstico.
Al principio el estrés te da energía. El cortisol, la hormona del estrés, sube el azúcar en sangre y te pone las pilas. Nació para emergencias breves. Con plazos sin fin puede quedarse encendido.
Luego el cuerpo se protege. Con los meses puede hacer como la centralita de un coche que detecta una avería: limita las revoluciones. Pisas a fondo y el coche no sube. Por eso el cuarto café y la voluntad ya no suelen bastar.
Y los reguladores fallan. El cortisol estabiliza el azúcar en sangre y frena la inflamación. Si de día circula poco, pueden llegar cambios de humor, dolores más vivos y catarros seguidos.
Cuando el cuerpo baja revoluciones, a menudo intenta protegerte.
Burnout: qué cambiar desde esta semana
Para el cuerpo, dormir poco, entrenar de más y trabajar de más suman en la misma cuenta. Quita peso donde puedas, empezando por un compromiso prescindible.
Protege tus noches. La energía que vuelve después de cenar es un préstamo: el estrés de última hora le exige mucho al cuerpo, y por la mañana puede quedarte menos. En la última hora, ni correos ni llamadas de trabajo. Luego, a oscuras, con antifaz si hace falta, siete u ocho horas.
Luz nada más levantarte. Diez minutos fuera en la primera hora del día. Luz por la mañana y oscuridad por la noche ayudan a tener el cortisol alto de día y bajo de noche.
Comidas a su hora. Sin saltarte ninguna y con desayuno salado: el azúcar en sangre suele ir más estable, y el ánimo también. El último café, justo después de comer.
Entrenos que no te vacíen. Muchos se desahogan con una sesión durísima a las nueve de la noche: para un cuerpo en reserva es más estrés. Mantén las dos sesiones de fuerza, de día, más cortas y suaves, y camina diez o quince minutos después de las comidas.
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Ponte a prueba
Son las once de la noche. Después de un día para olvidar, vuelves a tener energía. ¿Qué haces?
Empieza por tus noches. Si las señales siguen, llévaselas al médico por escrito: cuáles son, desde cuándo, a qué hora. Una lista con fechas le sirve más que un «no puedo más».


