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Giuseppe NotarnicolaHealth Performance Specialist
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Alimentación · 4 min de lectura ·

La copa con la que cierras el día puede pasarte factura en la barriga, el descanso y el hambre de mañana. Puedes mantenerla si cambias cuándo y cómo.

Si tienes 30 segundos

  1. 1El alcohol trae calorías que no alimentan, y llegan cada noche.
  2. 2La copa diaria puede subir el cortisol y estropear el sueño: a menudo más barriga, más hambre.
  3. 3Se lleva bien eligiendo los días, con comida en el plato y otra forma de desconectar.

Son las nueve, cierras el portátil y descorchas. Beber vino todos los días es, para muchos empresarios y directivos, la forma de cerrar la jornada: una copa mientras cocinas y otra en la mesa.

«Si es solo una copita», me dicen a menudo. Luego están la caña al salir de la oficina y el vermut del sábado. Puestas en fila, esas copitas son una partida fija de la semana.

Cómo saber si ya es una costumbre

  • Te la sirves sin pensarlo. Antes de decidir si te apetece.
  • Llega antes que la comida. Cocinando o en la barra, con el estómago vacío.
  • Por la mañana estás flojo. Has dormido tus horas y no has descansado.
  • La báscula baila. El alcohol te hace perder agua, y luego el cuerpo la recupera.

¿Beber vino todos los días engorda?

Sí, puede. Un gramo de alcohol aporta 7 calorías, casi el doble que un gramo de azúcar, y la copa diaria suele llevar la grasa a la barriga.

Son calorías vacías. Una copa ronda las cien calorías y no te alimenta. Una cada noche son unas setecientas a la semana que no recuerdas haber comido.

Puede subir el cortisol. Es la hormona del estrés, que tiende a mandar la grasa a la cintura. Bebes para relajarte y dejas encendido lo que querías apagar.

Altera las hormonas. El alcohol activa la enzima que convierte la testosterona en estrógenos: en el hombre puede significar menos tono y más grasa abdominal. En la mujer toca un equilibrio ya delicado, y de media ella aguanta la mitad que él.

Te abre el hambre de mañana. El alcohol te tumba antes y luego rompe la segunda mitad de la noche, la de los sueños. Tras una noche rota suele subir la hormona del hambre y bajar la de la saciedad: el cuerpo te pide pan y dulce, y la voluntad pinta poco. Normalmente también recuperas peor: quien lleva un reloj que lo mide lo ve.

El vino se disfruta en la mesa. Para apagar el día funciona mal.

Cómo llevarlo sin meterte a monje

Elige los días. De lunes a viernes, nada de alcohol. El domingo decides las ocasiones de la semana, una o dos: la cena del sábado, la comida en familia. Lo disfrutas más.

En la mesa, tras los primeros bocados. Una copa de vino con la cena, con el plato delante: con comida en el estómago, el alcohol sube más despacio.

En el bar, primero comida de verdad. Pide algo de comer y luego la caña: ocupa el sitio de las patatas de bolsa. Y pide agua.

Dale a la noche otra señal. Esa copa te sirve para desconectar: si la quitas y no pones nada, vuelve. Antes de entrar en la cocina cierra el portátil, cámbiate, da un paseo corto. Con el día ya cerrado, beber vuelve a ser una decisión.

Al día siguiente, empieza por el desayuno. Tras una cena larga querrás dulce. Desayuno salado con huevos, yogur griego y frutos secos, y las comidas a su hora. Olvídate de la báscula dos días: ese número es sobre todo agua.

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Jueves, cañas con el equipo a las ocho. No comes desde las tres. ¿Qué haces?

Empieza por una sola cosa, los días elegidos, y mantenla dos semanas. Luego mira cómo te levantas y el hambre de media mañana.

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Este artículo es divulgativo: no sustituye el consejo de tu médico.

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