Alimentación · 4 min de lectura ·
Por la mañana el cinturón abrocha; por la noche aprieta. Qué te hincha de verdad y qué cambiar en la mesa desde hoy.
Si tienes 30 segundos
- 1La hinchazón va y viene: plano por la mañana, cinturón apretado por la noche.
- 2Pesa más el cómo que el qué: prisa, masticar poco, la cabeza en el trabajo.
- 3Se arregla con tiempo para comer, fruta entre horas, cena ligera y un paseo.
La barriga hinchada después de comer se nota en el cinturón. A las ocho de la mañana abrocha en el agujero de siempre; a las once de la noche, en el sofá, te lo desabrochas.
Entre medias, diez minutos de comida delante del correo y una cena contundente, tarde. «El pan y el azúcar me hinchan», me dicen a menudo. A veces es verdad. Pero suele pesar más cómo te comiste ese pan.
Cómo se reconoce
La hinchazón cambia durante el día. La grasa sigue ahí al despertarte: de ella hablo en el artículo de la barriga después de los 40.
- Por la mañana estás plano. Se te hincha después de comer, sobre todo de cenar.
- Está tensa, llena de gases. Tirante como un tambor, a menudo con pesadez.
- Se ve más si estás delgado. Con poca grasa, la hinchazón salta a la vista.
- Después de comer, sueño. Hinchazón y modorra juntas piden ajustar esa comida.
¿Por qué se me hincha la barriga después de comer?
Casi siempre por cómo comes, más que por lo que comes. La comida baja en trozos grandes, con aire, a un cuerpo que está en otra cosa.
La digestión empieza en la boca. Los dientes trituran y la saliva empieza con los hidratos. Si te saltas ese paso, estómago e intestino heredan trabajo ajeno. Y comiendo deprisa tragas aire, como con el chicle.
El cuerpo o digiere o corre. Sangre y energía van a la digestión o a los músculos y la alerta: a todo no llega. Si comes contestando correos, para él sigues reunido.
Lo que se queda, fermenta. Las bacterias del intestino trabajan despacio con la fibra. Con mucho azúcar junto, la fermentación se acelera y da gases. Pasa con la fruta de postre, que hace cola detrás del resto. Y con la fibra que subes de golpe: el ensaladón con legumbres también hincha.
Antes de quitar un alimento, cambia la forma de comerlo.
Barriga hinchada: remedios que empiezan en la mesa
Veinte minutos para comer. Sentado, lejos de la pantalla, soltando el tenedor entre bocados. Masticas más, tragas menos aire y la saciedad llega a tiempo: el cerebro necesita unos veinte minutos.
Una respiración antes de empezar. Dos inspiraciones por la nariz, la segunda corta, y una espiración larga por la boca. De una a tres veces, al sentarte. Respirando pasas de la alerta a la digestión.
La fruta, entre horas. A media mañana o a media tarde, con unos frutos secos: con el estómago vacío no hace cola. Pruébalo si es después de comer cuando más te hinchas.
La fibra, poco a poco. Verdura y legumbres le sientan bien al intestino, pero no se adapta en un día. Una ración más cada vez, y agua: sin ella, la fibra hace lo contrario.
Cena ligera, y luego a andar. Al caer la tarde, hígado e intestino llevan peor grasas y azúcares: la barriga hinchada por la noche suele empezar ahí. Una comida grasa puede seguir en el estómago hasta seis horas; una ligera, una hora. Tras la cena, diez o quince minutos a paso tranquilo. El ejercicio intenso con el estómago lleno lo frena todo.
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Ponte a prueba
Son las diez y media, acabas de cenar y la barriga te tira. ¿Qué haces?
Empieza por tu próxima comida: veinte minutos, sentado, sin pantalla. Mantenlo una semana y mira el cinturón por la noche. Si cambia, vas por buen camino, y sin quitar nada del plato.


